Realmente hay cosa que no entendemos, salías de la Iglesia y una fuerza superior te dejaba perpleja. Tus amigas se burlaban de ti, decían, ¿Qué te crees? Una escogida. Pero tú estabas por encima de ellas, tenías unas metas superiores, no eran casarte y tener muchos hijos, creías que Dios te llamaba para algo especial, pero… realmente, ¿estabas segura de algo?
Los meses pasaban y tus dudas se esclarecían, eras una intrusa en tu comunidad, un objeto de rechazo.
Cada cual lleva el ascua a su sardina y la religión tiene muchos intereses ajenos a la bondad, que se espera.
Te dejaron tirada, como a una colilla. Ningún padre vino a pedirte perdón, te quedaste en tu soledad, en tu miseria.
Se te creaban sentimientos de culpa, como si tú hubieras matado a alguien, por suerte Dios no abandona, a las ovejas perdidas.
Ahora estás, resurgiendo de tus cenizas, esperando que te tengan compasión, aunque piensen que eres un bicho raro, una especie en extinción.
viernes 22 de agosto de 2008
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